Los precios de los vinos: ¿más caro siempre es igual a mejor?

Los precios de los vinos: ¿más caro siempre es igual a mejor?

Pues como diría Einstein, «todo es relativo». Huelga decir que comparar un vino de varios miles de euros con uno de veinte no tiene demasiado sentido.
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Como tampoco lo tiene comparar un Ferrari con un Opel Corsa ni un Rolex con un Casio.

No porque el Corsa no te lleve igual de un sitio a otro ni porque el Casio vaya a darte la hora con algún minuto de retraso.

Simplemente porque son productos que, al margen de las diferencias que puedan tener en los costes de producción —y que, sí, pueden ser muy elevadas—, apuntan a públicos diferentes. Y la manera de llegar a ellos es a través de los precios.

Porque, no nos engañemos, estas marcas no venden movilidad ni artilugios para saber la hora.

Venden otra cosa, mucho más relacionada con la exclusividad o el estilo de vida que con los beneficios objetivos de sus productos.

Y con el vino pasa algo similar.

No negaremos que existen, sin discusión posible, calidades muy dispares en los vinos.

Calidades que derivan de la propia uva, del terreno, de la añada o de la pericia del enólogo. Estos son factores decisivos que influyen en la elaboración de cualquier vino y no tratamos de restarles importancia.

No obstante, con los vinos de precios elevados sucede algo parecido que con los coches o relojes de alta gama. El precio no es un reflejo (o no es solo un reflejo) de unas características de producción infinitamente superiores a las de otros vinos similares.

El precio simboliza otros aspectos, también importantes, pero que no tienen demasiado que ver con la experiencia sensorial de degustar un vino y obtener placer al hacerlo.

Como por ejemplo que las uvas se hayan cultivado en un lugar de difícil acceso o en un terroir de apenas 5 ha, con una consecuente producción limitada.

O simplemente que una bodega haya optado por posicionarse como marca premium a través de precios elevados.

Por supuesto que estas variables son importantes, y ojalá todos tuviéramos la oportunidad de probar estos vinos especiales en alguna ocasión.

Pero esto no implica que los vinos de precios moderados no puedan proporcionar tanto o más gozo que alguna de estas joyas.

Porque al final, con el vino buscamos disfrutar, relajarnos, pasar un rato agradable. Algo que, en nuestra opinión, no tiene tanto que ver con el «cuánto», como con el «dónde», el «cuándo», y sobre todo, el «con quién».

Y algo así no tiene por qué costar caro.

¡Salud!


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